El BAUTISMO DEL OPOSITOR solo ocurre una vez

 

El bautismo del opositor: por qué presentarse a una oposición por primera vez es una experiencia necesaria


Presentarse por primera vez a una oposición es una experiencia difícil de explicar a quien todavía no la ha vivido.

Puedes haber estudiado durante meses, dominar buena parte del temario, haber realizado decenas de test y simulacros o, por el contrario, saber que no estás preparado en absoluto. En cualquier caso, existe una parte de toda oposición que no puede aprenderse en libros ni academias porque hay que vivirla en primera persona.

Posiblemente recuerdes tu primer día de instituto o en la universidad, pues la primera vez que entras en un aula para realizar un examen oficial de oposición supone una especie de ritual de iniciación para todo opositor. Es a partir de la primera vez el momento en el que se abandona definitivamente la condición de novato y, por qué no, podríamos llamarlo el bautismo del opositor.

Pero lo que vamos a analizar hoy aquí es su valor que, como verás, va más allá de aprobar o suspender.

La primera oposición también forma parte de la preparación

Cuando pensamos en preparar una oposición solemos hablar de temarios, leyes, test, supuestos prácticos, simulacros y horas de estudio, pero existe otra preparación mucho menos visible: la experiencia.

Una cosa es hacer un examen en casa y otra muy distinta sentarse en un aula rodeado de decenas o cientos de aspirantes y controladores sabiendo que comienza una prueba oficial. La primera oposición enseña precisamente eso. 

    • Cómo funciona realmente el día del examen.
    • Cómo reaccionamos ante los nervios.
    • Cómo gestionamos la espera.
    • Cómo organizamos el material.
    • Cómo afrontamos las instrucciones.

Y, sobre todo, cómo responde nuestra cabeza cuando llega el momento para el que llevamos preparándonos durante meses. Por eso, incluso una primera oposición que termina con un suspenso puede proporcionar un aprendizaje importante.

El día del examen de una oposición empieza mucho antes

El examen no comienza cuando entregan las preguntas. Empieza unas horas antes. Quizá incluso la noche anterior.

Comprobamos varias veces que llevamos la documentación necesaria. 

Preparamos los bolígrafos.

Consultamos cómo llegar y a dónde exactamente (edificio, aula, etc).

Calculamos cuánto tiempo necesitaremos para el viaje y ampliamos los tiempos para gozar de margen.

Intentamos dormir a buena hora y probablemente imaginamos unas cuantas veces cómo será todo porque, a la mañana siguiente, comienza la verdadera experiencia.

El trayecto.

La llegada al edificio.

Las listas de aspirantes.

Los pasillos.

Las aulas.

Las personas buscando dónde deben entrar.

Los vigilantes dando indicaciones.

Los opositores repasando apuntes hasta el último instante.

Otros permanecen en silencio.

Algunos hablan continuamente, probablemente porque están nerviosos y en poco tiempo, aparece una sensación difícil de reproducir durante cualquier simulacro:

ESTO YA VA EN SERIO

Hasta ese momento habíamos preparado una oposición, ahora estamos dentro de ella.

El pequeño ritual del opositor antes de entrar al aula

Toda oposición tiene una especie de liturgia propia. Quien se presenta por primera vez empieza a descubrir una colección de pequeños detalles que, aunque parezcan insignificantes, pueden influir bastante en cómo afrontamos el examen. Uno de ellos es el teléfono móvil.

Normalmente tendrá que permanecer apagado y guardado durante toda la prueba, conforme a las instrucciones de la convocatoria y del personal responsable del examen. Debes estar muy atento a cualquier indicación que den los responsables para evitar advertencias desagradables o incluso que te descalifiquen directamente.

Otro detalle aparentemente menor son los bolígrafos. Llevar uno solo supone introducir un riesgo completamente innecesario, por eso conviene llevar al menos dos bolígrafos adecuados para el examen, comprobados previamente. No es paranoia, simplemente eliminar problemas que pueden evitarse.

Ir al baño antes del examen parece una tontería. Hasta que deja de serlo

También conviene ir al baño antes de entrar en el aula. Parece uno de esos consejos demasiado evidentes como para mencionarlo pero las oposiciones están llenas de cosas evidentes que solo recordamos cuando ya estamos sentados y cuando las hemos vivido en primera persona. 

Dependiendo del examen, podemos pasar bastante tiempo dentro del aula, por eso tampoco suele ser buena idea beber cantidades excesivas de agua durante las horas inmediatamente anteriores. Hay que hidratarse, naturalmente, pero con sentido común. Se trata nuevamente de reducir cualquier distracción posible durante la prueba.

Nuestro objetivo es que, una vez comenzado el examen, nuestra atención pueda centrarse exclusivamente en resolverlo y no estemos pensando en ninguna necesidad fisiológica.

Llevar algún caramelo puede ser útil

Otro pequeño recurso habitual entre opositores es llevar algún caramelo. Puede ayudar si aparece sequedad de boca como consecuencia de los nervios o simplemente servir para esos minutos previos de espera. Son pequeños detalles en los que el veterano empieza a diferenciarse del opositor novato por estas cosas. No porque sepa ningún secreto especial sino porque ya ha vivido la situación y conoce mejor lo que necesita.

Llegar con tiempo de sobra es fundamental

Uno de los mejores consejos para el día de una oposición es muy sencillo:

llega con tiempo de sobra. No con el tiempo justo. Con tiempo de sobra.

Si normalmente tardamos treinta minutos en llegar al lugar del examen, ese día no deberíamos organizar nuestra salida suponiendo que todo funcionará perfectamente. Piensa que hay mil cosas que pueden salir mal:

  • Puede haber tráfico.
  • Puede retrasarse el transporte público.
  • Puedes pinchar o encontrar un accidente en carretera.
  • Puede resultar complicado encontrar aparcamiento.
  • Podemos equivocarnos de edificio.
  • Puede haber controles de entrada.
  • Quizá tengamos que localizar nuestro aula.
  • O simplemente necesitemos unos minutos para sentarnos tranquilamente antes de comenzar.

Después de meses estudiando una oposición, tiene poco sentido añadir más estrés por haber calculado mal algo tan sencillo como la hora de salida de casa.

Llegar temprano elimina una variable y el día del examen interesa eliminar todas las variables posibles.

Cómo controlar los nervios antes de una oposición

Los nervios forman parte del examen, y especialmente durante la primera oposición. Podemos haber realizado muchos simulacros, pero ninguno reproduce exactamente la sensación de estar rodeados de otros aspirantes esperando a que comience una prueba oficial.

Cada persona gestiona esos nervios de una manera diferente.

  • Hay quien prefiere permanecer en silencio, o escuchar música antes de entrar.
  • Algunos repasan.
  • Otros han aprendido precisamente a no abrir los apuntes ese día.
  • También puede haber personas que, antes de salir de casa, tomen una tila o alguna infusión relajante que ya conozcan y sepan que les sienta bien.

La clave está precisamente ahí: no experimentar el día del examen. Si sabemos que algo nos funciona, perfecto. Si nunca lo hemos probado, probablemente la mañana de una oposición no sea el mejor momento para descubrir cómo reacciona nuestro cuerpo.

No escuches demasiado a los demás opositores

Los minutos anteriores a una oposición producen conversaciones curiosas. Siempre aparece alguien convencido de saber qué preguntas van a caer. Alguien asegura conocer perfectamente la dificultad del examen. Otro explica que apenas ha estudiado. Otro dice haber repasado el temario completo tres veces durante la última semana. Pero en todo caso, conviene aprender pronto una regla útil:

el día del examen, cada opositor debe concentrarse en su propio examen.

Las conversaciones de los demás pueden aumentar innecesariamente los nervios y lo que otra persona haya estudiado, dejado de estudiar o crea que puede aparecer en la prueba ya NO TIENE NINGUNA IMPORTANCIA porque nuestro trabajo está hecho y ahora solo toca demostrarlo.

El momento en el que comienza realmente la oposición

Después llega el aula. Nos sentamos y mantenemos ya los oídos BIEN ABIERTOS a cualquier indicación que puedan dar los controladores, si no oímos algo correctamente, pedimos que lo repitan de forma amable: "Perdone, es que no he podido oír bien lo que decía...". Guardamos nuestras cosas exactamente como lo hayan indicado. Comprobamos otra vez los bolígrafos.

Esperamos. Finalmente reparten el examen y entonces ocurre algo curioso. Muchas personas descubren que buena parte de los nervios desaparece justo cuando comienza la prueba.

Hasta ese momento había incertidumbre pero ahora ya tenemos delante las preguntas y de pronto dejan de importar los pasillos, los rumores, los demás opositores y todo lo que estaba ocurriendo alrededor. Solo queda el examen.

Ese instante también forma parte del bautizo del opositor.

La segunda oposición ya es diferente

Aquí aparece el verdadero valor de haberse presentado una primera vez. 

Cuando volvemos a realizar otro examen de oposición, aunque no hubiéramos aprobado el anterior, ya no llegamos igual. Puede cambiar el edificio, el organismo, el tipo de ejercicio y, naturalmente las preguntas, pero nosotros también hemos cambiado.

Ya sabemos cómo suelen funcionar los accesos. Conocemos las esperas y controlamos mejor los tiempos. Sabemos cómo nos afectan los nervios y conocemos nuestra capacidad de concentración.

Sabemos si nos conviene desayunar de una determinada manera e incluso conocemos esas pequeñas sensaciones físicas que aparecen minutos antes del examen.

Y todo eso tiene un enorme valor porque reduce la incertidumbre.

Qué aporta realmente la experiencia de una primera oposición

La experiencia de haberse presentado anteriormente a una oposición no sustituye al estudio. Obviamente, tampoco garantiza aprobar, pero proporciona una serie de pequeñas ventajas muy concretas y la principal es LA SEGURIDAD.

No es la seguridad de quien cree que necesariamente va a aprobar, sino algo mucho más útil:

LA SEGURIDAD DE QUIEN SABE DÓNDE SE ESTÁ METIENDO PORQUE YA HA ESTADO AHÍ

El opositor veterano ya ha vivido ese escenario (algunos más veces de lo deseado) y sabe, de forma bastante aproximada, cómo transcurrirá la jornada. Reconoce sus propias reacciones y ha aprendido qué pequeños errores puede evitar.

Esa experiencia permite reservar más energía mental y concentración para lo verdaderamente importante. RESOLVER EL EXAMEN.

Suspender una primera oposición no significa que haya sido inútil

Naturalmente, el objetivo de cualquier opositor es aprobar Y Nadie estudia durante meses simplemente para vivir la experiencia, Pero reducir todo el proceso al resultado final puede impedirnos ver parte de lo aprendido. 

Una primera oposición puede terminar con un aprobado, con una nota insuficiente O incluso puede enseñarnos que todavía necesitamos más preparación. Pero en todos los casos habremos obtenido algo que antes no teníamos: EXPERIENCIA REAL DE EXAMEN.

  • Habremos comprobado cómo reaccionamos bajo presión.
  • Cómo gestionamos el tiempo.
  • Qué ocurre cuando dudamos entre varias respuestas.
  • Cuánto nos afecta el ambiente.
  • Qué deberíamos hacer de manera diferente la próxima vez.

Y todo eso puede utilizarse para mejorar.

El opositor novato desaparece después del primer examen

Probablemente esa sea la verdadera función del bautismo del opositor. La primera vez entramos preguntándonos cómo será aquello, la siguiente vez ya lo sabemos.

Puede seguir habiendo nervios, probablemente los habrá, pero son diferentes porque ya conocemos el escenario. Sabemos qué llevar , qué evitar, cuando salir de casa, cómo esperar y, sobre todo, sabemos algo mucho más importante: que YA HEMOS ESTADO ALLÍ.

Esto no debe confundirnos, pues no significa que la siguiente oposición vaya a ser fácil ni que vayamos a aprobar necesariamente, simplemente significa que (en algunos opositores más que en otros) una parte importante de LA INCERTIDUMBRE HA DESAPARECIDO.

Y en una oposición, donde cada pequeña ventaja cuenta, llegar al examen con más seguridad puede marcar una diferencia importante, por eso existe un momento que todo opositor recuerda y que es ese instante en el que termina la espera, dejamos de mirar alrededor y alguien pronuncia las palabras que llevamos meses esperando:

¡PUEDEN COMENZAR!

La primera vez esas palabras impresionan, la siguiente, ya forman parte de un territorio conocido. Ese es el verdadero bautismo del opositor, y solo ocurre una vez.

* * * * *

Con aprecio y empatía,
La Caminante

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